jueves, 21 de octubre de 2010

Los siete pecados capitales y el modelista: La Pereza

Por Juan Antonio Cascado Ruiz



Capítulo I: La pereza

Cada año se vuelve a cerrar el círculo, llega tu concurso preferido y la ilusión por participar en él te embarga, aunque también lo hace la angustia por acabar el modelo que hace tiempo empezaste y aún no has terminado.
Te das cuenta de que resultará imposible finalizarlo a tiempo. ¡Hércules lo tuvo más fácil en sus siete trabajos! Ahora toca quedarse algunas noches en vela deshaciendo el entuerto, para en la última noche... bueno, ya sabemos todos lo que pasa la última noche (nunca la Ley de Murphy es tan cierta como en estos casos).
Y todo esto... por abandonarse a la pereza. Este quizá sea el mayor de los pecados del modelista y esto es algo que me produce cierto alivio, ya se sabe que mal de muchos...
En cualquier concurso de modelismo que visitemos a lo largo y ancho de nuestra geografía podemos asistir a conferencias y tertulias en los que sin duda se tratarán las virtudes de esta afición. Todos nosotros hemos experimentado los beneficios que conlleva el modelismo: cultiva, enriquece nuestras almas, imprime paciencia, carácter, afán de superación, hermandad, constancia... ¿constancia? hmmm... Tal vez ese don brille por su ausencia en algunos de nosotros, entre ellos éste que escribe, puesto que si hay algo que me caracteriza y de lo que pueden dar fe los que me conocen es el poco tesón que suelo poner en mis maquetas, y en lo que escribo...
El problema está más extendido de lo que creemos en este colectivo y cada uno de los que lo padecemos apuntamos una causa distinta. Algunos hacen gala de una desbordante imaginación para ampliar el repertorio con varias decenas de excusas. Yo tengo las mías siempre a punto, algunas de las cuales os detallo a continuación. Podeis tomar nota y añadirlas a las vuestras.

 
· Al contrario que en la mayoria de países europeos, nuestro clima nos invita a salir hasta tarde mientras ellos, con un clima menos benigno, aprovechan estas inclemencias para dedicar más tiempo a estar en casa con sus maquetas.
 
· A los españoles nos gusta reunirnos (ojo, que no asociarnos), charlar, beber, estar con la familia... En fin, cualquier excusa es buena para no trabajar en aquella maqueta que nos mira triste desde la estantería.
 
· Otra causa plausible sería que con frcuencia algunos trabajos demasiado complicados nos obligan a ver la obra inacabada durante bastante tiempo, por lo que nos cansamos de ella al no apreciar avances significativos.
 
· A otros compañeros les asalta la pereza por las altas horas a las que podrían maquetear tras una larga jornada laboral, o porque para ponerse manos a la obra antes necesitan media hora para poder acondicionar el salón o una habitación que normalmente sirve para otros menesteres. A este último factor puede sumarse el "tira y afloja" con la media naranja para la cesión temporal del espacio, puesto que nunca la devolvemos tan limpia y ordenada como nos la entregaron. Además a la media hora sacando libros, pinturas, herramientas y maquetas hay que sumar al menos un tiempo similar para adecentar de nuevo el lugar, con lo cual, el tiempo útil empleado en la maqueta es muy reducido.

Pero no todos los modelistas pecan del mismo vicio, algunos virtuosos cultivan el don de la perseverancia y anteponen su pasión a compromisos familiares, horas de sueño o relaciones sociales. Pero estos son los menos y de seguro que cuando vemos sus trabajos expuestos en las estanterías de los concursos no podemos más que sentir envidia y preguntarnos cómo es posible que cada año sean capaces de presentar varias obras pulcramente acabadas, sin muestras de la premura que el resto de mortales aplicamos a nuestras maquetas. Sí señor, envidia insana y cochina porque no existe una envidia blanca, pura e inocente (pero este es otro pecado que trataremos en una próxima ocasión).
Un buen ejemplo de este pernicioso vicio bien podría ser este artículo, el cual ideé hace ya algunos meses y por falta de empeño lo he ido posponiendo hasta ahora; si la pereza continúa no se cuando terminaré esta serie de artículos. A todos los artistas (el modelismo es un arte) nos consuela saber que de vez en cuando las musas nos prestan su atención y maldecimos su indiferencia, cuando nosotros somos los únicos culpables. Decía Don Camilo José Cela que la inspiración no existía y que ésta era un recurso de malos escritores, y que su motivación le llegaba a base de quedarse sentado delante de unas hojas en blanco y no levantarse hasta que éstas no hubieran cambiado de color a base de poner frase tras frase. Tal vez sea esta la solución y la pereza se combata con disciplina.
Si estás leyendo esto significa que he vencido al monstruo y que he conseguido terminar el artículo... y además que tú también lo has dominado puesto que has superado tu pereza a leerme.
Juan Antonio Cascado Ruiz